Agosto (III parte y final)

Pero no quise pararme. Corrí escaleras abajo, salí del hotel y seguí corriendo hasta que no pude más. En una calle me paré, apoyé mi espalda en una pared y me dejé caer, mientras las lágrimas brotaban de mis ojos sin freno. 

No sé cuánto tiempo estuve llorando. Me sentía herido por tantas cosas, mi hermana, Cata, yo. Todo lo que llevaba guardado me había llevado a ese momento, y lo de mi hermana fue el detonante. Recordé las palabras de Lucía, “nadie te prepara para la vida”. Me dolía que Cata tuviera razón. Todo era tan confuso. Tenía que empezar por poner mi cabeza en orden y lo primero era arreglar el daño que le había hecho a Sara y Cata. Pero antes de hablar con ellas, tenía que pensar realmente como iba a solucionarlo, como iba a pedirles perdón, no quería meter la pata otra vez. Me incorporé, me sequé las lágrimas y fui dando un paseo hasta la playa. Al pasar por un escaparate vi que tenía los ojos rojos.  Accedí a la playa por el extremo derecho, desde allí veía toda la playa. Me descalcé, me quité la camiseta y empecé a caminar.

Mi paseo era automático, pensaba en cómo empezar “mi discurso”, pensé en sí Lucía y Nora lo sabrían. Veía las caras de decepción de Sara y Cata. Me día la vuelta, no tenía que pensar más solo tenía volver al hotel y hablar con ellas. Eche a corres donde había dejado mis zapatillas y la camiseta. Me senté para calzarme, cerré los ojos y recordé el día que nos metimos en el mar cogidos de la mano, lo bien que me sentí. Respiré profundamente y al abrir los ojos me lleve un susto, Lucía estaba agachada mirándome, enfadada.

—¡Increíble, nosotras preocupadas por ti y tu aquí tan tranquilo! —no la conteste. Me puse de pie. Ella hizo lo mismo— ¿Se puede saber donde coño estabas? Llevamos dos horas buscándote.

—Si tan preocupada estaba, me podía haber llamado al móvil —metí la mano en mi bolsillo, pero el móvil no estaba.

—Eso hizo, todas te llamamos, hasta que tu móvil sonó dentro del armario de Cata, un sitio raro para dejar tu móvil, ¿no crees? —no dejaba de mirarme en plan policía, esperando una respuesta.

—Tengo que ir a hotel y hablar con Cata y Sara.

—Sí, hazlo por favor. Me preguntó que habrá pasado entre vosotros tres. Están las dos, muy enfadadas, sobre todo Cata. Les he preguntado, pero no han querido decirme nada. Al final entre la insistencia de Nora y mía, se han encerrado las dos en la habitación de Cata y nos han pedido que las dejemos en paz.

—Vamos —me di la vuelta y empecé a correr hacía el hotel.

Al llegar al hotel me di la vuelta para despedirme de Lucía, pero no estaba. Apareció unos segundos después.

—Lo siento tenía prisa —le dije, ella pasó por mi lado.

—Lo entiendo, solo te pido que soluciones esto, me estaba gustando esto de ser cinco. Voy a buscar a mi prime. Os dejaremos a los tres para que solucionéis lo que sea que haya pasado. —Abrió la puerta del hotel, pero yo me queda parado.

—Estás alelado, ¿pasas o qué? – nos plantamos delante del ascensor.

—Creo que mejor cojo las escaleras —allí dejé a Lucía.

Me tomé con tranquilidad cada escalón, como si al pisar despaciome infundieran valor. Cuando llegué a la planta donde estaban las chicas, vi a Lucía y Nora meterse en el ascensor. Menor, no quería más oídos escuchando. Di unos golpecitos en la puerta de Cata. Me abrió muy seria.

—Yo…-agache la cabeza no sabía cómo empezar.

—Creo que deberías hablar primero con tu hermana —me indicó que entrará—. Os dejo solos.

-¡No Cata!, no te vayas. Tengo que hablar con las dos. Os tengo que…

-¿Nos tienes qué? —me contestó desafiante.

-¿Podemos pasar? —mi cara suplicaba abandonar el pasillo.

Cata accedió, me dejó pasar y cerró la puerta. Se quedo apoyada en ella. Vi a Sara de espaldas mirando por la ventana.

—Hola —fue lo único que se me ocurrió.

—Hola —me respondió sin darse la vuelta.

—Sara…no sé cómo empezar.

—No lo pienses, suéltalo —seguía sin darse la vuelta— igual que lo hiciste cuando saliste del armario —se dio la vuelta y me sonrió de medio lado— Empieza por donde quieras Álvaro, pero di algo —tendió la mano. Cata pasó por mi lado y la agarró. Las dos me miraban cogidas de la mano— aunque si vas a volver a insultarnos otra vez, mejor cállate.

—No, no voy a insultar a nadie. No sé cómo me pude comportar así, no se…

—¿Por qué eres un hipócrita? —contesto Cata.

—Cata, deja que se explique.

—Cata, tiene razón. Soy un hipócrita. Escribí un artículo contra la intolerancia de las personas que juzgan a los demás y yo os he juzgado. Hasta ahora no me había dado cuenta que la gente puede amar de formas diferentes —los nervios jugaban en mi estómago. Tenía ganas de vomitar, pero continué—, que se puede amar de muchas formas, mirando más allá del envoltorio. Que la gente siente en muchos colores y formes. Creo que si ahora tuviera que escribir el artículo lo haría de forma diferente, seguro. No sé como explicarme, yo solo quiero…yo espero que me podáis perdonar. —Nadie decía nada, así que continué— Sara sé que te he decepcionado, algo que por desgracia se me da muy bien últimamente. Decepcionar es lo mío.

—Nunca me has decepcionado, Álvaro. Me han dolido tus palabras, pero sabía que ese no era mi hermano.

-Cata, lo siento –Cata me miraba a la defensiva-. Creo que también jugó en mí contra qué yo pensara en ti…como alguien con quién…

-Aceptó tus disculpas, no liemos más el tema.

Nos quedamos callados.

—Sabes, me gustó el día que estuvimos en la playa —no sé porque seguía hablando, pero tenía que soltar todo—, nos metimos en el mar agarrados de la mano, como cuando éramos pequeños, hacía tiempo que no me sentía tan bien, ese muro que había crecido entre nosotros desapareció durante unos minutos, hasta que Nora… La cuestión es que sé que nada va a volver a ser como antes, pero quiero que sepas que te quiero hermanita pequeña y que siempre podrás contar conmigo.

—El muro lo levantaste tú solo. No sé qué te pasó al entrar en bachillerato. Yo te pedía que te vinieras conmigo, te decía que salieras con tus amigos, pero era como si de repente la gente te diera miedo. Por cierto te recuerdo que yo nací la primera, tu aceptaste el rol de hermano mayor que nunca te debieron otorgar nuestros padres —mi hermana se mordía el labio, como si intentara no llorar—. Te dieron una responsabilidad que era suya, ¿por qué no abandonas ese rol y simplemente eres el hermano gemelo de esta persona tan estupenda?

—Ok, lo intentaré.

—No, no lo intentarás, lo harás —impuso Sara.

—Lo haré, prometido. Solo espero que a partir de ahora no haya secretos entre nosotros.

—Pues te voy a contar algo —Sara le pasó la mano por la cintura a Cata y la trajo hacía ella—. Cata me dijo que teníamos que decírtelo, que siendo gemelos al final nos pillarías por eso de sentir lo mismo que el otro.

—Tu ríete Sara —contestó Cata— pero aunque no lo voy a preguntar,  no sé yo si cuando tu y yo…tu hermano…

—Aunque fuera verdad, mi hermano esta últimamente alelado. Si no hubieras contado con él para cubrirte las espaldas con tu hermana, seguro que no nos habría pillado. Su Sherlock interior lleva dormido mucho tiempo.

—¿Su qué? —preguntó Cata.

—Su vena Sherlock, ¿a qué sí, Álvaro?

—Mi Sherlock siempre está activo, y lo sabes.

—Ja, ¿tú crees? Si es así, ¿qué pasa con las cuatrillizas?-preguntó Sara.

—¿Qué pasa con las cuatrillizas? —dije.

—Así nos llamaste cuando te enteraste de que Cata se había venido con nosotras. Se lo conté a Cata. Mas tarde me enseñó vuestra conversación de what donde ponía te puso que “Podías ir a la playa con las cuatrillizas”. Ves, Sherlock está dormido en otro momento te hubieras dado cuenta de algo.

—Sherlock se fue de vacaciones antes que yo.

—Y que lo digas —contestó Sara.

—Solo una cosa Álvaro –Cata se separó de mi hermana y se colocó frente a mí— promete que no se lo contarás a nadie, incluidas Lucía y Nora.

—Os lo prometo, pero Lucía no es tu hermana.

—Lo sé, pero Nora se enfadó mucho cuando mis padres la “obligaron” a incluirme en sus vacaciones. Si se enterará de la verdadera razón, sera pero. No tentemos a la suerte.

—No os preocupéis por nada, no voy a decírselo a nadie —miré a mi hermana—. A nadie Sara, ni a papa ni a mama. Cuando estés preparada para decírselo cuenta conmigo, yo estaré allí apoyándote. Pero una pregunta, ¿cómo surgió lo vuestro? No tenéis porque contestar, es solo curiosidad.

—Tu hermana me pidió que la ayudará con los estudios —dijo Cata— ella era quién me pagaba. Un día nos dimos cuenta que había algo más.

—Unas cuantas clases después me di cuenta que ya no necesitaba su ayuda, pero quería seguir viéndola. Coincidimos en una fiesta que hizo Lucía… —Sara se acercó a donde estábamos Cata y yo—. No podía dejar que se quedará en Madrid, aunque solo fueran cinco días, ¡yo quería estar con ella!

—¿Y cómo convenciste a nuestros padres?

—¡No! Ellos me dijeron desde el principio que si quería irme con mis amigas tú tendrías que venir. Al principio yo no quería que vinieras, porque eso significaría que yo tampoco iría, tendría una excusa para no venir. Pero cuando Cata convenció a sus padres, acepté. La verdad es que Cata lo vio como algo bueno.

—¿Me habéis usado? Vaya, yo puede que sea un poco Sherlock, pero Cata es una Moriarty total.

—Consultor criminal —dijo Cata— No era mi intención, Álvaro, pero necesitaba un comodín y tú eras perfecto.

—¿Y si nos damos un abrazo y nos dejamos de tonterías? —dijo Sara.

Así lo hicimos. Recuperé mi móvil. Al revisarlo vi que tenía llamadas de Lucia y tropecientos what.  “¿Ya está todo solucionado” “Podemos volver al hotel, por favor di que sí” “O dices algo, o mato a mi prima” “Socorro, quiero volver” , y cosas parecidas. Me había saturado el what.

—Chicas, mirar los what de Lucía, necesita urgentemente volver con nosotros.

—Pobre, es que a veces Nora es muy intensa —dijo Sara.

—¿Solo a veces? —dijimos Cata y yo.

—¡Qué malos sois!. Dila que nos vemos a la hora de cenar

—Creo que si le digo eso a Lucía, nos mata. ¿Que hora és?  ¿Y si nos vamos a la playa, hasta que anochezca?

Como ninguna puso objeción, le contesté que vinieran al hotel que bajamos en diez minutos. Cuando bajamos ellas ya estaban en la puerta del hotel.

—¿Ya está todo bien? –preguntó Lucía.

—¿No lo ves? Está todo bien —Nora, que más se puede decir—-, van los tres juntitos, tan alegres.

—¿Nos vamos a la playa? —pregunté.

Nora nos miró a su hermana y a mí y su respuesta fue algo que no esperábamos.

—De acuerdo, de acuerdo. Disfrutemos de las últimas horas,…los cinco.

No sé porque pero esa respuesta hizo que abrazará a la persona que tenía más cerca, Lucía. Enseguida le quite los brazos de encimas. Ella se puso roja, le entró la risa y yo no sabía dónde meterme. Cata y Sara salieron juntas del hotel, aunque en ningún momento dieron señales de que fueran algo más que unas simples amigas. Me dio pena por ellas, aunque comprendía la situación

Cuando llegamos a la playa buscamos un sitio donde poder estar los cinco juntos. Encontramos una cala, lejos de la gente. Nos metimos en el mar había que aprovechar las pocas horas que nos quedaban allí antes de volver a la realidad. Cuando el atardecer empezó, nos sentamos apoyados en una roca. Yo me senté en medio, aun lado Lucía y Nora, en el otro lado Sara y Cata. El sol dejó paso a la luna, y se produjo un efecto dominó Sara y Lucía se apoyaron en mí, Nora en Lucía y Cata en mi hermana. Estuvimos mirando al horizonte hasta que Nora dijo que teníamos que aprovechar la noche.

Regresemos al hotel y en media hora quedamos de nuevo en la puerta. Al bajar me fijé en una chica que estaba sola en la puerta del hotel, me sonaba su cara, ¡era Nora!. Apenas llevaba maquillaje, y la verdad es que estaba mucho mejor. Detrás llegaron las demás. Nos fuimos a un sitio que dijo Lucía. Reímos, bailamos, todos estábamos disfrutando, pasándolo muy bien. Alguna que otra vez miraba a mi hermana y a Cata y veía ese deseo que tienen en los ojos las parejas, sin importarles quién está delante, pero se contenían. Sobre las tres decidimos regresar al hotel. Cuando íbamos de camino Sara se acercó y me cogió la mano.

—Como cuando éramos pequeños, juntos a todas partes.

—Al final no ha estado mal que te acompañará con tus amigas.

—No al final no ha estado mal —y me dio un beso en la mejilla.

Al llegar al hotel me despedí de todas ellas, con un beso de buenas noches incluida Nora, que lo aceptó sin problemas. Al entrar en mi habitación, me tumbe en la cama y sonreí. Había sido un día largo, lleno de emociones, aprovechado en todos los aspectos. Me sentí bien, como hacía tiempo que no me sentía. Soñaba con quedarme en Las Negras, alargar las vacaciones, y de nuevo alguien rompió mi sueño llamando a mi puerta.

—Venga dormilón, que hay que aprovechar las últimas horas —Lucía me llamaba desde el pasillo.

—¡Déjame en paz! ¡Quiero dormir! ¡Quiero quedarme aquí!

—Yo también, pero de momento no puede ser.

—Joooo –me levanté y abrí la puerta. Lucía estaba vestida para ir a la playa— ¿qué hora es?

—Pronto, todavía es de noche. Venga vístete que nos vamos a ver amanecer y a despedirnos de la playa. Te esperamos en diez minutos.

Y allí me dejó. Debía estar muy dormido porque no recuerdo como llegué a la playa. Si recuerdo tomar unos churros, en la misma cala donde habíamos estado viendo atardecer. Cuando el sol salió del todo nos pusimos de pie y empezamos hacer el ganso, a danzar como en los documentales donde se veían tribus africanas. Nos metimos en el mar los cinco, y nos despedimos de aquellos días. A las diez regresamos al hotel, recogimos nuestras cosas, devolvimos las llaves de las habitaciones y nos fuimos a la estación de autobuses.

Nos sentamos a esperar nuestro autobús, que nos llevaría por desgracia de vuelta a la vida normal. Sara y Cata se levantaron y se sentaron lejos de nosotros. Creo que ya les daba un poco igual si alguien se daba cuenta de lo que realmente pasaba entre ellas. Nora las miraba de vez en cuando.

Nuestro autobús fue puntual. Al subir Sara me pidió que le cambiara el asiento para poder sentarse con Cata. No tuve ningún problema, me sentaría con Lucía y Nora al fondo del autobús. Lucía se sentó en medio de nosotros.

—¿Por qué se sienta Sara con Cata? —preguntó Nora.

—No sé, mi hermana me lo ha pedido y le he dicho que OK.—Contesté

—Nora, a veces estás un poco ciega —contestó Lucía.

—¿Ciega?

—¿De qué estás hablando? —pregunté.

—¿Tú tampoco te has dado cuenta Álvaro? –me preguntó Lucía.

—¿Cuenta de qué? –preguntó Nora, sin quitar la vista de donde estaban las tortolitas.

—¿Cuánto dura el viaje?

—Unas siete horas –dije.

—Entonces tengo de sobra para poderos contar lo que creo que pasa. Eso sí solo os pido que tengáis la mente libre de prejuicios.

Lucía se había dado cuenta en una fiesta a la que habían ido Sara y Cata, que pasaba algo entre ellas. Se dio cuenta de cómo Sara miraba a Cata, y de cómo compartían confidencias. Las preguntó a las dos, pero ninguna quiso contestar sus preguntas. Estaba claro que no era de su incumbencia.

—¿Quieres decir que mi mejor amiga y mi hermana son?…, ¿y por qué ninguna de las dos me ha dicho nunca nada?

—¿Por miedo? —me salió sin pensar.

—Tienes razón –me contestó Nora-. No soy lo que se dice una hermana que sepa escuchar. Nunca le he dado confianza, siempre he sentido que me pisaba el terreno. Pero Sara es mi mejor amiga, aunque claro, ¿cómo me explicaría que se ha enamorado de mi hermana?

—Yo también estoy alucinando –le contesté.

—Álvaro como hermano gemelo de Sara, ¿nunca vistes algo en tu hermana que te dijera…? no digo que te dijera con quién salía pero que ella era diferente. ¡Sois gemelos! —me preguntó Lucía.

—Venga ya, ¿pensáis que por ser gemelos…? Eres igual que Cata que pensaba que lo sabría por eso. —Acaba de descubrirme.

—Tú lo has sabido desde el principio, y has jugado con nosotras —dijo Nora.

—No, Nora. eso no es verdad.

Les conté como lo había descubierto. Al contarles lo de la habitación al principio se sorprendieron, pero les entró la risa. Si lo miraba con perspectiva era una situación cómica, y yo era el que había salido del armario. El resto del camino pude conocer mejor a las amigas de mi hermana. Nora tenía sus momentos. Al llegar a Madrid hicimos un pacto a cinco, siempre podríamos contar con los otros, pasará lo que pasará nuestra amistad siempre estaría por encima de todo.

Y aquí sigo en mi habitación, intentando concentrarme, pero es que cada vez que veo el póster de Las Negras, que tengo en mi habitación mí cabeza vuelve a esos días aunque no quiera, donde descubrí que mi hermana ama de forma distinta, pero sobretodo ama.

 FIN.

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