Texto libre

Hace dos semanas que empecé un curso de escritura. Teóricamente era para aprender a corregir errores. La verdad era coger confianza, y oír que a alguien le gustaban mis textos. Todo iba bien. Los ejercicios que nos mandaba el profesor llevaban las indicaciones completas para poder escribir, desde el tema hasta los personajes o la ambientación de la historia. Nos llevaba de la mano sin que nos diéramos cuenta.

Abrí el e-mail con la propuesta de la semana. Mi sonrisa se heló al leer el ejercicio, “TEXTO LIBRE”. Así sin aderezar, sin más. Solo indicaba que el texto no sobrepasara las tres páginas. Eramos veinte alumnos y no creía poder acabar a tiempo las correcciones. Me quedé mirando la pantalla, e incluso moví el ratón por encima, esperando que aquella hoja tuviera alguna indicación escondida. Pero no había nada más. Que te pidan que escribas un “texto libre” puede ser terrorífico si dudas de tu capacidad. Es un duelo al sol entre tu mente y el folio.

Decidí abrir Word. Me descalcé dispuesta a sentir la lana de la alfombra entre los dedos de mis pies. No era como la arena de la playa pero podía servir para relajarme y entrar en materia, o más bien para que la inspiración, las musas o lo que fuera me visitarán. Puse a Mozart de fondo para despertar mi parte creativa, pues eso había oído decir, pero no ocurrió nada. Las manos estaban puestas en el teclado esperando a la inspiración, pero esta o era muy tímida o estaba muy ocupada  en la mente de otros junto con las musas. Al final solo conseguí colocar el título provisional “Ejercicio 3”. ¿Y si cerraba los ojos?, ¿me concentraría lo suficiente para que la inspiración oyera mi grito de socorro? Nada. Cero. Después de una hora delante del ordenador me dolía tanto la cabeza que me fui a dar una vuelta para despejarme o para buscar la inspiración que tanto necesitaba.

Iba tan concentrada, sin rumbo fijo, sin saber que camino coger para estar abierta a cualquier cosa que ocurriera, que cuando me quise dar cuenta estaba en la estación de Laguna de la línea 6.  El metro se detuvo delante de mí. Por inercia entre con el resto de la gente, y me apoyé en una esquina del vagón desde donde podía ver todo y a todos. Sin nada que leer o en que pensar empecé a buscar en las personas que allí estaban, algo que pudiera ayudarme, un desencadenante para que las manecillas de mi zona creativa se movieran y la historia saliera sola. Encontré manos.

Las manos de aquel vagón eran de colores. Iban desde el blanco al negro pasando por el rosado, el amarillo o a topos. Había manos jóvenes, infantiles, viejas, dulces, cariñosas, fuertes, inseguras, delicadas, tristes, alegres, esquivas, dispuestas, torpes. Manos que hablaban del amor duradero, del amor que echaban de menos, del amor que solo dura una noche. Manos que hablaban del futuro en un país que no es el suyo, desconocido pero donde el miedo no es tu compañero las veinticuatro horas del día. Manos que se escondían para no ser heridas otra vez, o para tocar a otras manos sin ser vistas.

Pero de todas aquellas manos, unas sobresalían por encima de todas, eran las manos musicales. Un chico tocaba el saxo y sus manos se movían con delicadeza, dejando que las notas y el aire vivieran en el metal. Sus pies acompañaban a las manos aumentando el ritmo, dando vida al vagón. Cuando estábamos llegando a la siguiente estación las manos musicales se transformaron en manos agradecidas al oír los aplausos y el tintineo del dinero al caer en la bolsa que colgada de ellas.

El metro se detuvo. Las puertas se abrieron. Las manos  infantiles, inseguras, las rosadas, las alegres, y las esquivas decidieron bajarse, al mismo tiempo que las musicalmente agradecidas, aunque estas últimas solo se cambiaron de vagón.

 

8 comentarios en “Texto libre

  1. Excelente, Maria xula! Hoy pude apreciar cada línea. La mirada puesta en la diversidad de manos…estupendoooooo. El centro focal: esas manos armoniosas sacando inspiración al saxo muy bueno. Sabes, siempre hay algo que cautiva a los ojos de u a escribana. La calle y sus tantos argumentos. Tu muy bien, Maria xula.

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  2. Me gusta el chico del saxo, refleja muy bien el bloqueo mental y el soplo de aire fresco.
    Tu fiel ovejita.
    Todos necesitamos algo de saxo ante un bloqueo.

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  3. Me gusta muxo pero me hubiera gustado otro final pero esta muy bn un besito wapa 😘 😘 😘 te espero la semana que viene haber con que nos sorprendes

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